Convento y Colegio de San Vicente Ferrer

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Isabel la Católica, 25
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Comunidad

  • Fr. Antonio Roy Laguens, Lic. Fil., Lic. Teol. Prior
  • Fr. Javier José Laveaga Vitoria, Lic. Teol. Lector Conventual
  • Fr. Ramón Sancho López
  • Fr. Jesús Villa Pérez, Lic. Teol.
  • Fr. José Luis Sierra Valentí, Lic. Teol., Lic. Hist.
  • Fr. José María Esteve Pallarés, Hermano Cooperador, Diác. Perm.
  • Fr. Martín Gelabert Ballester, Dr. Teol.
  • Fr. Vicent Grau Monrós, Lic. Teol.

 

Misión

Colegio San Vicente Ferrer. Ir a página web

Nuestros antecesores

San Vicente Ferrer (1350-1419)

San Vicente FerrerCon San Vicente Ferrer la Provincia dio a la Iglesia, en el «Otoño de la Edad Media», una de las figuras más destacadas de todos los tiempos en el campo de la predicación sin fronte­ras.

Nació en Valencia en 1350, precisamente en este mismo solar sobre el que se asienta nuestra comunidad, inmediatamente después de la «Peste Negra»; Catalina de Siena contaba por entonces tres años de edad. Ingresó tempranamente en el Convento de Pre­dicadores de su ciudad natal (1367); pocos meses después de la profesión (1368) fue enviado a cursar Lógica al Estudio General de Barcelona (1368); enseñó esta materia en el Estu­dio Provincial de Lérida (1370-1372); aquí estudió también Naturales; tuvo como formador a fr. Tomás Carnicer, hombre insigne en santidad, del que San Vicente hará, pasado el tiem­po, elogio en su predicación.

Fue destinado de nuevo al Estudio General de Barcelona para cursar Sagrada Escritura y Teología (1372-1376); enseñó Naturales en dicho Convento; en esta primera etapa de su for­mación compuso dos opúsculos filosóficos -De suppositioni­bus dialecticis y Quaestio solemnis de unitate universalis-; en 1376 fue asignado a estudiar Teología al Estudio General de Toulouse.

En 13791o eligieron Prior de su Convento de Valencia, pero renunció al año siguiente; en 1380 escribió un tratado sobre el Cisma -Tractatus de Moderno Schismate-, que dedicó al rey de Aragón Pedro IV el Ceremonioso; en 1381 predicó la Cua­resma en Valencia.
El Cardenal Pedro de Luna, que participó, tanto en la elec­ción de Urbano VI como en la contraelección de Clemente VII, le encargó predicar en Valencia a favor de la legitimidad de este último; con el mencionado Tratado sobre el Cisma pre­tendía convencer al rey de Aragón de que el Papa legítimo era el de Avignón, es decir, Clemente VII; Pedro IV se mantenía neutral. El Cardenal le pidió que le acompañara en sus visitas a las Cortes de Castilla y Aragón, con el fin de inclinar a los monarcas a favor de Clemente VII; el rey Pedro IV de Aragón no se dejó convencer.

San Vicente volvió a Valencia y en 1385 fue nombrado Pro­fesor de Teología en la Escuela catedralicia. «En este oficio magistral pasa San Vicente seis años, los más tranquilos, los más fecundos de su docencia escolar, pero sin abandonar la predicación» (V Forcada). Se sabe que en 1386 predicó la Cua­resma en Segorbe; en 1389 fue nombrado Maestro en Teolo­gía y Predicador General. Renunció a su cátedra en la Seo de Valencia en 1390; le sucedió fr. Antonio Canals; en 1392 fue nombrado confesor de la reina Violante.

Pedro de Luna, elegido Papa con el nombre de Benedicto XIII, le llamó a la Corte pontificia de Avignón en 1396; vivió dos años en la Curia, como Capellán, Confesor del Papa y Pe­nitenciario apostólico. En 1398 consiguió permiso para resi­dir en el Convento dominicano de la ciudad. Su salud se resin­tió gravemente y, en el curso de la enfermedad, tuvo una experiencia espiritual que para él fue decisiva: Cristo, acom­pañado de Santo Domingode Guzmán y San Francisco de Asís, le encargó ir por el mundo a predicar el Evangelio; fue él mis­mo quien lo relató en carta a Benedicto XIII.

El 22 de noviembre de 1399 se despidió del Papa quien, al año siguiente -1400-, retendrá en Avignón al hermano de San Vicente, el cartujo fr. Bonifacio Ferrer, cuando regresaba de participar en el Capítulo general en la Gran Cartuja de Gre­noble; le prestó un gran apoyo en su condición de jurista.

San Vicente comenzó a predicar dentro del condado Vene­sino; iba en calidad de Legado de Cristo -Legatus a latere Christi-, y con amplios poderes de Benedicto XIII. Carpentras fue uno de los primeros lugares que tuvieron el privilegio de escuchar su predicación evangélica. Siguió predicando por la Provenza: en los entornos de la Gruta de Santa María Magda­lena -la Saint Baume-, Saint Trophime d"Arlés, Aix-en-Pro­vence, Marsella (finales de 1400 y comienzos de 1401). Su celo por la salvación de las almas le impulsó a entrar en el Delfinado, Saboya, Piamonte, valles de los Alpes.

Dio cuenta al Maestro de la Orden de sus correrías apostó­licas y del espíritu con que las realizaba. A1 referirse al Pia­monte escribía al citado Maestro de la obediencia de Avignón, Juan de Puynoix: «Recorrí la diócesis de Turín, visitando por orden cada una de las localidades y predicando la verdad ca­tólica en contra de los errores en que estaban sumergidas es­tas buenas gentes. Gracias a Dios, han recibido la doctrina con un fervor y un respeto que conmueven, cooperando el Señor con su divina gracia a mis palabras y dignándose confirmar­las. He observado que todos estos errores, todas estas herejías procedían principalmente de la falta de predicadores, pues hace treinta años que no les había visitado ninguno, como no fueran los heréticos Valdenses, que iban de Aquilea dos veces al año. ¡Qué responsabilidad, Venerable Maestro, pesa sobre los Prelados y los que por su profesión están obligados a pre­dicar!, los cuales, ¡ah!, prefieren estar en las grandes ciuda­des, en donde tienen buenas habitaciones con todas las como­didades, mientras se pierden las almas por las que murió Jesucristo.»

Escribe esta carta desde Ginebra, el 17 de noviembre de 1403. Decía también en ella que se disponía a pasar a Lausana, donde las gentes adoraban públicamente al Sol: «Según dice el Obispo -añadía- que ha venido dos o tres veces a pedirme que vaya, hay en los límites de Alemania y Saboya ciudades enteras pobladas de herejes.»

En marzo de 1404 se hallaba por Friburgo y sus alrededo­res; en septiembre recorría tierras de Lyon, donde acudían miles de personas a recibir su mensaje, dispuestas a comenzar una vida nueva. Le seguían clérigos, religiosos, laicos, nobles, ricos y pobres, que formaban una «Compañía», o familia es­piritual; algo parecido había ocurrido un cuarto de siglo antes en torno a Catalina de Siena.

A partir de noviembre de 1405 recorre San Remo, Savona, Génova. Sobre el modo de predicar escribía el Rector de la Universidad de París, Nicolás de Clemanges, desde la ciudad de Génova y en este año 1405: «Nadie mejor que él sabu la Biblia de memoria, ni la entiende mejor, ni la cita más a pro­pósito. Su palabra es tan viva y tan penetrante, que inflama, como una tea encendida, los corazones más fríos [...] Para ha­cerse comprender mejor se sirve de metáforas numerosas y admirables, que ponen las cosas a la vista [...] ¡Oh si todos los que ejercen el oficio de predicador, a imitación de este santo hombre, siguieran la institución apostólica dada por Cristo a sus Apóstoles y a los sucesores! Pero, fuera de éste, no he en­contrado uno sólo».

Con frecuencia sus sermones eran tomados por escrito al ritmo de su predicación; después se multiplicaban las copias de las que quedan numerosas muestras por los archivos y bi­bliotecas de Europa; con la imprenta comenzaron las edicio­nes y se sigue trabajando en este cometido de manera eficaz en nuestros días.

Hasta 1408 estuvo por el norte de Italia (Piacenza, Milán) y zonas de Francia; en octubre se hallaba en Marsella. Después entra de nuevo en España, de donde había salido hacía doce años. En la primavera de 1409 se le localiza en Gerona-predica en la escalinata y plaza cercana a la iglesia de Santo Domingo-, pacifica a los habitantes de Vic y su comarca; su itinerario si­gue hacia Manresa, Lérida (dic. 1409), Barcelona, Tarragona, Montblanch (Tarragona), Tortosa (mar. 1410), Morella, Catí, San Mateo, Valencia (jun.-ag. 1410), Teulada, Denia, Liria, Albaida, Játiva, Alcoy, Orihuela, Murcia, Lorca, Chinchilla (mayo 1411), Albacete, Toledo, Valladolid, Tordesillas, Medina de Rioseco (en. 1412), Zamora, Salamanca (feb.-mar. 1412), Segovia, Plasencia. Son sólo algunas ciudades o poblaciones de las muchas que evangelizó en este período.

El 12 de abril de 1412 entraba en la ciudad de Caspe para mediar en el pleito sucesorio que se planteó a la muerte de Martín 1 el Humano. Fue elegido representante de Valencia, junto con su hermano fr. Bonifacio y Giner Rabasa, a quien más tarde sustituyó Pedro Bertrán. El 28 de junio se hizo pú­blica de manera solemne la sentencia final a favor de Fernan­do de Antequera, infante de Castilla, -Fernando I-. Desde Caspe envió Bonifacio Ferrer una carta a los Jurados de Va­lencia en que decía que su hermano, el Maestro Vicente, pre­dicaba todos los días a mediodía en la plaza. Concluido el «Compromiso de Caspe» se desplazó «de ciudad en ciudad, de villa en villa, de castillo en castillo, procurando el honor de Dios», como recordaba él a sus oyentes que hacía en su tiem­po Jesucristo.

Pasó a Alcañiz, Castellón (verano de 1412), Lucena, Lérida, Balaguer, Sagunto (26 nov. 1412), Valencia (29 nov. 1412); predica la Cuaresma de 1413 en su ciudad natal, San Mateo, Tortosa, Mallorca (ag. 1413), Tortosa (en.-feb. 1414); aquí participa en una disputa y escribe un Tratado contra los judíos; en mayo de 1414 estaba en Tamarit (Tarragona), Daroca (jun. 1414). En julio del mismo año se encontraba en Morella; se hallaban también allí Benedicto XIII y el rey Fer­nando I de Aragón; el Papa Luna no aceptó entrar por la vía de la renuncia para dar unidad a la Iglesia; el Cisma por en­tonces se había enredado aún más; se disputaban la primacía sobre la Iglesia tres Papas: Gregorio XII, Benedicto XIII y Juan XXIII.

En el Archivo de la Catedral de Valencia se conserva una Biblia anotada por el Santo que le acompañó en sus viajes por lo menos hasta 1414; de ella se ha hecho recientemente una edición facsímil.

San Vicente estaba en Zaragoza el 1° de noviembre de 1414, día en que se abrió el Concilio de Constanza (1414-1418). Entre otros lugares en que predicó podemos recordar: Cala­tayud, Graus (jun. 1415), Barbastro, Ainza (jul. 1415), Bena­barre, Cervera-donde se recuerda que Santo Domingo le con fortó para los duros combates que todavía le esperaban-, San­ta Coloma de Queralt, Coblliure, Perpignán (verano 1415). Hasta esta última ciudad llegó por entonces el emperador Segismundo, representantes del Concilio de Constanza y el rey Fernando I de Aragón -que iba muy enfermo-, para negociar la renuncia de Benedicto XIII; éste, sin embargo-, no hizo nada por la unidad. E16 de enero de 1416 fr. Vicente Ferrer anunció en la Catedral de Perpignán la sustracción de la obediencia del rey de Aragón al Papa Luna.

Pidieron a San Vicente con insistencia que fuera al Conci­lio de Constanza, pero él se sentía urgido de manera irresisti­ble a continuar la evangelización de los hombres de su tiem­po. Estuvo en Dijón y después recorrió lugares del mediodía de Francia, que tantos recuerdos de Santo Domingo traían a su memoria: Narbona, Béziers, Castelnaudary, Toulose, Pamiers, Caramán, Alby (antes de Pentecostés de 1416).
Un testigo escribía: «El Santo era viejo, débil y pálido; pero después de decir la misa y cuando predicaba parecía joven, en buen estado de salud, ágil y lleno de vida.» Se internó en la Auvernia, región central de Francia; estuvo, entre otras ciuda­des, en Rodez, Le Puy (oct. 1416); pasó a la zona de Dijón, Besangon, Nevers, Bourges, Tours; entró en la Bretaña y en esta región transcurrirá los catorce últimos meses de su vida (8 feb. 1418 - 5 ab. 1419). Falleció en Vannes el 5 de abril de 1419, a los 69 años de edad.

En su famoso «Tratado de la Vida Espiritual» escribió unas líneas programáticas para el fraile Predicador; en ellas pode­mos hallar «su propio retrato como predicador evangélico, tipo completo del predicador itinerante, interiormente cristiforme, que externamente es predicador pobre, viaja a pie, sin dinero, sin recibir estipendio, casi sin bagaje personal; guarda en lo posible las observancias de su Orden, ayuna, no come carne, viste siempre su hábito, viste lana a raíz de su carne martirizada por las penitencias; fiel a la oración litúrgica, recita perseve­rantemente las horas y celebra con solemnidad el sacrificio eucarístico todos los días. Guarda sus horas de silencio regu­lar, como su Padre Santo Domingo, hasta por los caminos; tie­ne largas horas de oración personal, es un contemplativo que llega frecuentemente al éxtasis, sin por ello dejar las prácticas penitenciales; se disciplina con fuerza, aunque no tome parte activa en las procesiones de sus disciplinantes; ellos son los penitentes, él es el maestro de vida.» (J. Ma de Garganta).

Su sepulcro se halla en la Catedral de Vannes; fue canoni­zado por el Papa Borja, Calixto III, en 1455.

 

Beato Luis Urbano Lanaspa, fundador del colegio

Beato Luis Urbano LanaspaLuis lsaac Urbano Lanaspa, nació el día 3 de junio de 1882 en la Ciudad de Zaragoza. Sus padres, buenos y sencillos cristianos, se llamaban Mariano y María, Tuvieron otros cuatro hijos: Mariano, Tomás, Federico y Ángel. Luis, el segun­do de los hijos, fue bautizado en la iglesia parro­quial de San Felipe y Santiago el día 5 del mismo mes y año, a los dos días de su nacimiento. Fue confirmado, cuando contaba seis años de edad, el 3 de septiembre de 1888 en la parroquial de San Pablo, por el Obispo Auxiliar de Zaragoza, Don Mariano Supervia Lostalé.

Su padre era sacristán de la parroquia de San Pablo, ubicada en el corazón de la vieja Ciudad y relativamente cerca del antiguo Convento de Predicadores, que existió desde su fundación en 1219 hasta la exclaustración de los religiosos, y por tanto de los dominicos, en 1835.

Cursó las primeras y segundas letras en el Colegio de los Padres Escolapios de su Ciudad na­tal, en donde fue preparado para la Primera Comunión.

A los 14 años, en 1898, después de haber cur­sado dos anos de latín en el Colegio, por sentirse inclinado a la vocación sacerdotal, los Padres Escolapios vieron en él un posible candidato para la Orden de San José de Calasanz, aragonés de cu­na y de temperamento, pero el joven Luis ingresó en el Seminario diocesano para comenzar los es­tudios filosóficos de la carrera eclesiástica.

En los dos años que permaneció en el Seminario Conciliar de Zaragoza destacó por su despierta inteligencia y por su capacidad para el estudio de la filosofía, cuyos cursos terminaba siempre con las calificaciones de "Meritissimus", "Supermeritissimus" y de "Accessit". Es de notar que durante el tiempo de semi­narista siguió el régimen de alumno externo, sa­liendo del edificio del Seminario por las noches, a dormir a su casa.

El hecho es que Luis se decidió en el encau­zamiento de su vocación por la vida dominicana. Tenia 16 años, y había cursado dos años de Filosofía en el Seminario. Había descubierto a Santo Tomás y a la Orden dominicana. El capellán y las monjas se interesaron por él, le animaron y le indicaron el camino a seguir. Los Dominicos te­nían entonces el noviciado de la única Provincia dominicana española en Padrón (La Coruña). Y allí pidió ingresar Luis para ser dominico.

En septiembre de 1903 fue trasladado desde Corias al Convento de San Esteban de Salamanca para iniciar el estudio de la Teología, según la Suma de Santo Tomás. El Estudio General de San Esteban de Salamanca conservaba el prestigio de los grandes teólogos dominicos de siglos anteriores, y el claustro de profesores actuales tenía una altura que necesariamente penetraba en los alumnos, no demasiado abundantes en aquellas fechas.

El día 22 de septiembre de 1906 fue ordena­do presbítero en la capilla del palacio episcopal de Salamanca por el obispo diocesano Don Francisco Javier Valdés y Noriega.

El 15 de diciembre de 1908 hizo en el Estudio General de San Esteban el examen de Lector, que le facultaba para enseñar las disciplinas de la ca­rrera eclesiástica.

Pasó después a Madrid, en donde terminó la carrera de Ciencias y entró a formar parte de la Redacción de la Revista LA CIENCIA TOMISTA, en la que publicó algunas Notas y comentarios, y Recensiones de libros, además de llevar la Secretaría.

El año 1910 fue destinado a la enseñanza, aun­que no de materias de la carrera eclesiástica. Primero, durante un curso estuvo en el Convento de Padrón.

El Padre Luis tenía 28 años de edad en 1910. Su labor de enseñanza en Padrón y en Oviedo no le absorbía toda su actividad domini­cana. Era un hombre soñador y fácilmente se ilu­sionaba con ideas y empresas grandiosas. Todo lo sublime era factible para él.

Por eso, además de dar sus clases con compe­tencia en el colegio, se dedicaba a escribir y a pre­dicar. Formaba grupos de jóvenes y de personas mayores, infundiéndoles ideas dinámicas y acom­pañándolos en todas las tareas de misión apostó­lica. Al margen de las clases que daba a los cole­giales, su celda era una caldera de vapor que im­pulsaba al movimiento las fuerzas católicas del ambiente.

La nueva Provincia de Aragón inicia su primera andadu ra en Valencia en el año 1912, sobre la base Convento y de la iglesia, ambos en los comienzos de su construcción, promovida por Padres de la Provincia del Rosario en la Ciudad del Turia, a cuyos edificios se trasladaron el 1915. Los Padres de la Provincia del Rosario fueron hombres de gran talla humana y de gran prestigio en Valencia.

Y aquí viene destinado desde el principio el Padre Luis Urbano, espíritu abierto y con una preparación muy cuidada. Con 30 años de edad, sintonizó inmediatamente todas las inquietudes humanas y religiosas de la Orden en Valencia.

Durante toda esta etapa de la Provincia, el Padre Urbano residió siempre en el Convento de Predicadores de Valencia. Fue en todo momento uno de los protagonistas que iniciaron y robuste­cieron, con grandes dificultades, el crecimiento de la nueva Provincia. No era hombre que vivió al margen de los ideales y ambiciones de su Comunidad local o provincial, sino uno de los pioneros de cara al régimen interno y de cara al mundo externo. Adquirió con su trabajo un pres­tigio enorme en todas las esferas de la sociedad civil y eclesiástica, prestigio que le granjeó bue­nas amistades y confianza por parte de todos.

El Padre Luis Urbano era de mediana esta­tura, de robusta complexión, de anchas espaldas; gozaba de buena salud, nada refinado en la ali­mentación, muy sensible y un tanto nervioso; de poco dormir y muy aficionado al café, que lo mantenía en tensión vi­gilante; incansable en el trabajo y siempre animo­so, como una antena sensibilísima en conexión con todos los problemas de la sociedad y de la Iglesia. Ya desde joven se distinguió por su penetrante inteligencia y por la capacidad para el estudio. Su inteligencia era privilegiada con fuerte inclina­ción al análisis. Un hombre muy dinámico. Daba la impresión de máxima competencia en todo lo que decía y emprendía.

Asiduo al confesionario, no faltaba cuando es­taba en el Convento, en especial los sábados y do­mingos, atendiendo a los fieles y cuidando la di­rección espiritual.Con los Estudiantes, lo mismo en clase que fue­ra de clase, estaba siempre amable y complacien­te, y sumamente interesado por nuestra forma­ción y bienestar espiritual y religioso.

La sencillez era una cualidad muy destacada en el Padre Luis. Por sus brillantes cualidades bu­manas, ejercía un poder de captación extraordi­nario, pero era por su sinceridad y verdad humil­de y sencilla, muy ajeno a cualquier manifestación de autocomplacencia personal.
La pobreza religiosa era virtud capital en nuestro biografiado. Pasaron por sus manos gran­des sumas de dinero para atender las obras bené­ficas que promocionaba, pero jamás destinó una peseta para atender sus necesidades personales. Para él, el dinero que manejaba era como el "teso­ro del Templo", que procuraba administrasen los mismos oferentes o los patronatos que él nombra­ba o asesoraba.

Era una persona de temperamento optimista, con tendencia a ver siempre el lado bueno de la re­alidad humana. Siempre alegre y dispuesto a sem­brar alegría entre los que le rodeaban. Reía con sentido de humor explosivo los chistes y anécdotas graciosas de las situaciones cómicas de los conoci­dos o de los personajes famosos. Incapaz de mo­lestar a nadie con sus respuestas, o con sus gestos de intemperancia callada. Los temas de su conver­sación eran siempre interesantes y por lo mismo, agradables. No solía perder el tiempo en conversa­ciones inútiles, o de escaso interés. Siempre con alegría y con paz.

El Padre Luis Urbano fue un predicador cualificado a partir del año 1915.Entre todos los predicadores de la Provincia de Aragón destacó nuestro biografiado, que adquirió prestigio nacional como orador sagrado. Le lla­maban desde todos los rincones de España. Porque era sólido en la doctrina, hombre de am­plia cultura, con imaginación exuberante y bien encauzada, espléndido en la sonoridad de la voz y en su riqueza literaria, con vivo sentido de la ac­tualidad, con opulenta declamación y con conoci­miento de los resortes sicológicos del público.

En el año 1912 fue uno de los frailes que se alistó para la restauración de la Provincia de Aragón y fue trasladado desde el Convento de Oviedo al Convento de Predicadores de Valencia, en el que residió durante toda su vida posterior.En este mismo año de 1912 publicó en la pres­tigiada Revista francesa Revue Thomiste un artí­culo sobre Menéndez y Pelayo, titulado L'Oeuvre de Menéndez y Pelayo. En el año 1914 publicó otro artículo en la mis­ma Revista, titulado: Un thomiste contemporaine: Aleixandre Pida1.

En el año 1915 fundó la Revista ROSAS Y ESPINAS, que polariza desde entonces parte de la actividad literaria de su fundador y Director. La Revista nació como una gran ilusión. El Padre Luis supo comunicarle gracia y atractivo moder­no. Cuidaba las ilustraciones gráficas, las colabo­raciones, el estilo y la conjugación de los temas. La Revista logró vida y sentida del momento ac­tual: era bella en su presentación tipográfica.

El año 1933 está señalado en la trayecto­ria vital del Padre Urbano con la aparición de la Revista CONTEMPORÁNEA, pensada, dirigida y alimentada por el mismo Padre. Una notificación del Capítulo Provincial de 1933 la presenta: "Notificamos que ha visto la luz en Valencia una Revista científica con el título de CONTEM­PORÁNEA, redactada por los religiosos de nues­tra Provincia, por religiosos de otras Provincias y por seglares eruditos, que ha sido muy bien reci­bida y alabada por los centros científicos. Es, de derecho, de la Provincia" .
Maestro en Teología. El Padre Luis era Lector (que equivalía a Licenciado) en Teología. Era Doctor en Ciencias Físicas por la madrileña Universidad Central. Era Predicador General, tí­tulo que concedía la Orden Dominicana a sus miembros que se distinguían por la calidad y can­tidad de su predicación. Pero hay otro título en la Orden que es el reconocimiento del saber supre­mo de la Teología para los profesores de las Universidades y cátedras en todo el mundo: el Magisterio en Teología.

Regente de Estudios del Estudio General de la Provincia. La notificación del Capítulo Provincial de 1933 es telegráfica: "Notificamos que en el mes de septiembre de 1932, el M.R.P. Bacalaureo y Predicador General Fray Luis Urbano, Prior del Convento de Valencia, fue insti­tuido, con dispensa del Rvdmo. Padre Maestro General de la Orden, REGENTE DE ESTUDIOS del Estudio General de Valencia.
Prior del Convento de Predicadores de Valencia. El trienio de 1931 al 1934 ejerció el ofi­cio de Prior de su Convento de Valencia, suce­diendo en el cargo al Padre Vicente G. Cifre. El año 1934 estaba presente con voz y voto en el Capítulo Provincial celebrado en Barcelona, con su Socio, el Padre Buenaventura Blázquez.

El Instituto-Asilo San Joaquín. La Excelentísima Señora Marquesa de San Joaquín, Doña Filomena Tamarit e Ibarra, anima­da y orientada por su Director espiritual, Fray Luis Urbano, fundó una Institución de carácter benéfico con el fin de acoger, formar y promocio­nar a chicas jóvenes, hijas de familias humildes o venidas a menos, dándoles carreras u oficios en los que pudieran ganarse dignamente la vida.

El Colegio Mayor Universitario.Fue una de las fundaciones más acariciadas por el Padre Luis, con ideales de cultura humana, orientada en católico, que debía penetrar en todas las áreas del saber universitario de lengua españo­la. El Dominico aragonés, que había frecuentado las aulas de la Universidad española durante su carrera de Ciencias Físicas, primero en Salamanca y después en Madrid, veía la necesidad urgente de formar a los jóvenes universitarios, que serían los líderes de la sociedad del futuro, con una base de doctrina que hiciera posible la armo­nía de la fe con la ciencia moderna.

En el era una obsesión. Lo demostró con su inestimable esfuer­zo en el primer volumen de la obra que publicó sobre Einstein y Santo Tomas.

La Provincia poseía un amplio y espléndido solar en Valencia, en la misma manzana en que estaba edificado el Convento y la iglesia de San Vicente, recayente a la Gran Vía Marqués del Turia, entre las dos calles de Isabel la Católica y Jorge Juan. El lugar era fabuloso para ubicar un centro de estudios universitarios. La historia fundacional de esta colosal obra es­tá señalada oficialmente en las Actas del Capítulo Provincial de 1929. La monumental edificación material del centro fue posible gracias a las aportaciones ge­nerosas de la Marquesa de San Joaquín y a las no menos generosas de Doña Pilar de Mazarredo y Tamarit, Viuda de Zubálburu, la cual había de­clinado el honor de ser la madrina en la bendición de la primera piedra.

El Padre Luis, como muchos religiosos y sa­cerdotes mayores, así como la mayor parte de las personas "conservadoras", ordinariamente de "Derechas", veían la amenaza de una revolución, más o menos violenta. Habían sufrido la expe­riencia del año 1931, cuando el advenimiento de la República y de la Revolución de Asturias del año 1934 y podían sospechar cuáles serían los ob­jetivos primarios que atacarían los revoluciona­rios exaltados. Los asaltos y quemas de conventos e iglesias católicas en el año 1931 y en el 1934 ha­bían sido un aviso para todo buen entendedor.

Cuando llegó el 18 de julio de 1936, muchos, llevados de un optimismo ciego, pensaron que la situación sería pasajera: cuestión de unos días, o de unas semanas, de catacumbas, pero que en po­co tiempo todo se calmaría y volvería la normali­dad. Nunca pensaron que la realidad iba a ser tan cruenta y que durara casi tres años.

Primeras andanzas del Padre Urbano.. El Padre Luis contó a una persona sus andanzas desde que había salido del Convento. Le dijo que, "cuando dejó el Convento, anduvo por las calles, llegó a la Plaza de Emilio Castelar y allí, confundido entre la multitud, pudo apreciar el furor de aquellas gentes, que parecía no les iba a bastar todo el mundo para saciar sus odios". "Volví hacia el Convento -me dijo- y desde una esquina de la calle vi cómo lo saquea­ban. En aquel momento me sentí tan pequeño y tan indefenso como un pajarito a quien acaban de echar abajo su nido de un cañonazo.

Al recorrer las dependencias y entrar en el co­ro, encontraron al Padre Urbano y no pudieron ocultar su satisfacción por haber caído en sus ma­nos un religioso tan renombrado en Valencia. Al reconocer los papeles que el Padre llevaba en la cartera, leyeron la relación del parte dado la no­che anterior por Queipo de Llano en Radio­Sevilla. Este hecho era muy comprometedor.

El Padre permaneció los días del caluroso agosto, hasta el 21, en el piso de los señores Roggen, dedicado totalmente a la oración y al es­tudio. Meditaba mucho sobre la situación, sabien­do que eran perseguidos y asesinados los sacerdo­tes y religiosos sin otro delito que ser ministros del Señor. Ya en tiempos anteriores a la revolu­ción, comentaba cuál sería su suerte como religio­so y sacerdote, ya que, habiendo hecho a los obre­ros todo el bien que le fue posible, temía que, al llegar la revolución, los mismos obreros lo mata­ran, aplastándolo como se aplasta una lombriz.

Estando, pues, nuestro biografiado en casa de los señores Roggen, en la Gran Vía Marqués del Turia, el día 21 de agosto por la mañana se pre­sentó un "piquete" de la F.A.I, a registrar el piso. De nada sirvió la protesta de que era una familia de nacionalidad alemana. El "piquete" se escuda­ba en que cumplía órdenes del comité central. El Padre, que estaba allí, logró pasar como un criado doméstico, avalado por los señores de la casa. Ni siquiera repararon en él ni le pidieron documen­tación. Pero nuestro Padre Luis no era inconsciente, y manifestó a los señores la sospecha de que el re­gistro se hizo buscándole a él y por tanto, no po­día permanecer allí porque los comprometía a ellos. Por eso decidió volver al piso de las señori­tas Amestoy, en la calle Conde de Salvatierra.

Martirio. Una vez detenido se ignora dónde lo lleva­ron. Los señores Roggen, enterados de su deten­ción, se dieron prisa en saber en donde estaba recluido, pero no encontraron ninguna pista.Esa misma tarde del día 21 fue asesinado. Al día siguiente volvieron a la casa de los Sres. Aristoy los milicianos y en tono burlesco comen­taron: "¿Así que era un médico el de ayer? Ya lo hemos mandado a donde tenía que estar". Estas palabras dieron a entender que el Padre había si­do asesinado. Pronto se supo que lo habían asesi­nado el mismo día. El cadáver permaneció a la vera de la carre­tera toda la noche. A la mañana siguiente alguien que lo conocía, lo identificó.
El cadáver del Padre Luis Urbano fue ente­rado en una fosa común en el cementerio de Ialencia, en donde permaneció hasta el 27 de ju­iio de 1942. Una vez exhumado e identificado con :erteza por muchos datos seguros, (incluso el rosario al cuello), gracias a la ficha del sepelio y ,arios testigos competentes, sus restos mortales úeron trasladados a la cripta abierta al lado del altar de Santo Domingo en el crucero de la basílica de San Vicente Ferrer, junto con los rest­os del Padre Constantino Fernández y de Fray Zafael Pardo, miembros de la misma Comunidad asesinados en el año 1936.

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